Contra la ortodoxia: el caso de Deborah Feldman

Las mini series televisivas siempre fueron una oportunidad excelente para adaptar obras literarias sin las exigencias de recortes que impone la industria cinematográfica. La laxitud de la duración (en este caso, 4 episodios de 50 minutos) convierte en “digerible” para el gran público lo que difícilmente se produciría en una sala, donde siempre se penaliza cualquier película que vaya más allá de los 120 minutos. Aunque se vean peyorativamente por la subjetividad (anacrónica) de una parte de la crítica, reacia a considerar que la calidad no tiene nada que ver con el tamaño de las pantallas, los guionistas y los escritores literarios lo agradecen. Porque los planteamientos artísticos, la dirección, el trabajo de los actores, la obra en su conjunto no tiene por qué resentirse (aunque se vea penalizada por la ausencia de liturgias sociales en la visualización) pero el espectador con menos prejuicios cinéfilos se beneficia de la dosificación de las entregas. Y siempre queda la opción de disfrutar de la obra en plan maratón (lo cual, la experiencia lo demuestra, sucede muy pocas veces).

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3 comentarios

  1. Excelente comentario de esta extraordinaria serie UNORTHODOX, que me ha acompañado
    y me ha hecho reflexionar, durante estos dias de confinamiento doméstico por la pandemia del coronavirus.
    Esta extraña situación que vivímos y que nos devuelve la vulnerabilidad del ser humano,
    tiene su pequeño reflejo en ese barrio neoyorquino cercado, en el que todo esta sometido a reglas patriarcales, a no cuestionarse lo que pasa alrededor y a pensar que, solo, en nuestro «refugio» tenemos nuestro feliz confort. La huida y la busqueda de Etsy nos sacuden a todos

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