SU VIDA NO HA CAMBIADO (Reflexiones en tiempos de clausura)

Observo, al otro lado de mi ventana, a una anciana de noventa y tantos… se dice que tiene el mal de Alzheimer y no sale de casa desde hace muchos años, más de los que ni mi memoria ni la suya alcanzan a imaginar. Siempre me gustó observar desde el refugio de ambas distancias su complacencia por rutinas insondables: salir al balcón en su silla de ruedas a tomar el sol, a sentir sencillamente calor en las manos; o salir a respirar nuestro aire contaminado, a mirar a la nada y a nadie, o tal vez a un interior poblado de sombras a la vez familiares y extrañas.