«Dolor y gloria», imaginario y auto ficción, de Almodóvar

Igual que en todo ejercicio de búsqueda de la identidad aflora inexorablemente la infancia, todo ejercicio de memoria tiene algo de narcisismo, mucho más cuando se transita la ficción, o la auto ficción, con la esperanza de reconstruir o de recomponer, quien sabe, fragmentos, retazos, imágenes, sensaciones y deseos, vividos o imaginados. Si hubiésemos de sentar al cine de Pedro Almodóvar en el sofá del psicoanalista, la última película de Almodóvar ofrece un material valioso y de primera mano, pero quizás no más que cualquiera otra de sus películas, para descifrar, si es que es esto posible, las claves de la identidad de la obra del cineasta manchego. Pues sus películas se parecen en algo a un juego de muñecas rusas, no tanto porque se parezcan unas a otras como porque se esconden, se encajan, se superponen caleidoscópicamente, embrionariamente.